Estamos vertiendo montones de productos químicos retardantes para combatir los incendios forestales. ¿Qué significa esto para la vida silvestre?

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Cuando el incendio de Caldor se dirigió hacia el lago Tahoe azotado por la sequía en los últimos días de agosto, los bomberos se enfrentaron a un escenario aleccionador: los fuertes vientos aumentaron desde el suroeste, empujando el fuego hacia áreas pobladas y provocando que decenas de miles de personas huyeran.


Durante días, los equipos aéreos lanzaron retardantes de fuego desde los aviones, con el objetivo de frenar el avance del fuego y reducir el intenso calor para que los equipos de tierra pudieran acercarse. Pero el fuego siguió avanzando, hasta que los vientos cambiaron y Tahoe, cubierto por el humo, se salvó.

Esta historia también está disponible en inglés.

Las agencias de bomberos consideran que los retardantes aéreos contra incendios forestales, una mezcla de agua y productos químicos- son una herramienta importante para proteger a las comunidades. La niebla roja que se extiende detrás de un avión cisterna capaz de transportar
hasta 8.000 galones de retardante tranquiliza a las personas preocupadas por su seguridad, sus hogares y sus negocios.

Entre 1985 y 2017, el oeste de los Estados Unidos ha visto multiplicarse por ocho la superficie anual quemada por incendios severos. Y el uso de retardantes aéreos para incendios forestales también ha aumentado. Entre el 2000 y el 2010, se aplicaron más de 90 millones de galones de retardante en tierras del Servicio Forestal. Pero solo en un período de ocho años entre el 2012 y el 2019 -el último año del que se dispone de registros– el Servicio Forestal utilizó más de 102 millones de galones.

“Con estos megaincendios y con las cantidades masivas de retardante que se vierten en el medio ambiente, ¿conocemos realmente todos los impactos, tanto como fertilizante como tóxico?” declaró a EHN Scott Cooper, profesor de investigación del Departamento de Ecología, Evolución y Biología Marina de la Universidad de California en Santa Bárbara, que estudia los efectos de los incendios en los arroyos y los peces.

El principal retardante aéreo utilizado en los incendios forestales del oeste se llama Phos-Chek, desarrollado por Monsanto a principios de la década de 1960. La marca Phos-Chek perteneció a la empresa hasta 1997, según el actual fabricante
Perimeter Solutions. Phos-Chek contiene aproximadamente un 80% de agua y un 10% de solución fertilizante de fosfato de amonio que se adhiere a las plantas e inhibe la combustión. Los ingredientes patentados, como los agentes espesantes y colorantes y los inhibidores de la corrosión, constituyen el resto de la fórmula.

Phos-Chek no está hecho para ser para ser rociado directamente sobre un incendio. En su lugar, el avión libera el retardante en una línea fuera de los límites del incendio donde llueve sobre la vegetación en una película pegajosa. A medida que el fuego se aproxima, su calor hace que el retardante libere vapor de agua, frenando el avance del incendio y enfriándolo para que los equipos de tierra puedan acercarse lo suficiente para combatir las llamas. Los residuos del retardante se adhieren a los árboles, las plantas y la superficie del suelo hasta que el viento o la lluvia los eliminan.

En general, los retardantes de incendios forestales se consideran seguros para los seres humanos, aunque algunos sostienen que los riesgos no se conocen lo suficiente. Además, los científicos comenzaron a
plantear hace décadas su preocupación por la toxicidad de los retardantes para la vida silvestre. A veces, los pilotos liberan accidentalmente el retardante sobre áreas restringidas, como el hábitat de especies en peligro de extinción y los cursos de agua, en dosis muy concentradas. Una vez que entra en los arroyos, estanques y ríos, el retardante -sobre todo en cantidades concentradas- puede estimular la proliferación de algas nocivas y matar potencialmente a peces, anfibios y otros organismos acuáticos.

Contaminación colateral por retardantes de incendios forestales

Una serie de demandas presentadas por el grupo de vigilancia sin fines de lucro Empleados del Servicio Forestal para la Ética Ambiental (FSEEE por sus siglas en inglés Forest Service Employees for Environmental Ethics) a partir del 2004 afirmaron que el Servicio Forestal estaba violando la Ley de Especies en Peligro de Extinción y la Ley de Política Ambiental Nacional al no analizar los impactos ambientales de los retardantes de incendios forestales aéreos.

En el 2008, un juez federal ordenó al Servicio Forestal que evitara el uso de retardantes en zonas ecológicamente sensibles. El Servicio Forestal debía realizar un estudio de impacto ambiental y consultar con el Servicio de Pesca y Vida Silvestre (FWS) y el Servicio Nacional de Pesca Marina (NMFS) sobre los efectos de los retardantes en el hábitat crítico.

En el 2011, el Servicio Forestal publicó un estudio de impacto ambiental en el que se concluía que el retardante aéreo suponía un riesgo mínimo para la mayoría de las aves y la fauna terrestre de gran tamaño, como los osos y los ciervos, porque pueden huir mejor de las zonas incendiadas, pero presentaba un riesgo mayor para los anfibios, los roedores y los insectos, así como para las especies cuyo hábitat se limita a pequeñas zonas geográficas.

El estudio también concluyó que los retardantes podrían afectar negativamente a la calidad del agua, especialmente en los estanques pequeños y las charcas vernales, donde la falta de flujo de agua dificultaría la dilución de los retardantes y conduciría a una producción excesiva de nutrientes que provoca la proliferación de algas y priva al agua de oxígeno. El estudio concluye que los impactos adversos podrían persistir en estos sistemas durante dos años o más.

Posteriormente, el Servicio Forestal promulgó “zonas de exclusión” en áreas ecológicamente sensibles donde no se usaría el retardante. También estableció una zona de protección de 300 pies cuando se aplicara el retardante alrededor de las aguas superficiales en avión, y una franja de 100 pies para las aplicaciones en helicóptero o camión de bomberos.

Sin embargo, hay excepciones a estos requisitos de protección cuando la vida humana y la seguridad pública están amenazadas. Y a pesar de las restricciones, los pilotos que vuelan a baja altura en condiciones difíciles a lo largo de laderas escarpadas, a menudo con visibilidad limitada debido al humo, a veces liberan retardante en las zonas de exclusión. El Servicio Forestal está ahora obligado a informar de estas “intrusiones” accidentales, que ascienden a docenas cada año, aunque menos del 1% de todos los lanzamientos de retardante entre el 2012 y el 2019 cayeron directamente en los cursos de agua.

Andy Stahl, director ejecutivo de la FSEEE, quiere que las agencias de bomberos dejen de recurrir a los retardantes aéreos. Toda intrusión en las zonas de protección y los cursos de agua tiene consecuencias ecológicas, dijo, sobre todo en los arroyos más pequeños.

“Si se toman 3.000 galones de retardante y se dejan caer en el Océano Pacífico… la concentración de amoníaco en el océano será minúscula”, dijo Stahl a EHN. “Si dejas caer los mismos 3.000 galones en un pequeño arroyo de montaña, podrías tener verdaderos problemas”.

Muerte de peces, el impacto en la vida acuática y la proliferación de algas

En la actualidad, la principal preocupación para la vida acuática es el amoníaco del componente fertilizante en los retardantes, que daña los órganos y las branquias y puede dificultar el éxito reproductivo. Algunas formulaciones de retardantes anteriores también contenían ferrocianuro de sodio, que se vuelve muy tóxico cuando se expone a la luz solar. Ambos han estado implicados en la muerte de peces tras la intrusión de retardantes en los arroyos y sus alrededores, lo que llevó al Servicio Forestal a suspender el uso de ferrocianuro de sodio en el 2007.

En el 2002, una intrusión de retardante en el río Fall, un afluente del río Deschutes en el centro de Oregón, mató a miles de peces; una intrusión de retardante en el 2003 en Nuevo México mató a la entonces amenazada trucha de Gila. En el 2009, Cooper midió los niveles de amonio, un marcador del amoníaco tóxico que mata a los peces, que eran al menos 100 veces más altos de lo normal en un arroyo cerca de Santa Bárbara (California), donde se encontraron muertas unas 40 truchas de cabeza de acero en peligro de extinción tras un vertido de retardante cercano seis días antes. En la actualidad no se utiliza ninguna de las fórmulas de retardantes asociadas a esas muertes de peces; sin embargo, las fórmulas actuales siguen conteniendo amoníaco.

En el 2019, un dictamen biológico del NMFS concluyó que, si bien no era probable que el uso de retardadores de incendios forestales destruyera el hábitat critico ni pusiera en peligro la existencia del salmón, chum y las truchas de cabeza de acero amenazadas y en peligro de extinción, sí que “afectaría negativamente” a la mayoría de estas especies.

El Servicio Forestal mantiene una Lista de Productos Cualificados (Qualified Products List) de retardantes, cuyo uso se aprueba sólo después de que su unidad de Sistemas Químicos para Incendios Forestales (WFCS por sus siglas en inglés

Wildland Fire Chemical Systems) evalúe la seguridad y eficacia de los ingredientes.

Las evaluaciones de riesgo incluyen una revisión de los datos de toxicidad de los distintos ingredientes. También conllevan pruebas de toxicidad aguda en mamíferos, que sirven como representación de los seres humanos, y en truchas arco iris, que sirven como representación de las especies de peces amenazadas y en peligro de extinción. La Lista de Productos Cualificados (Qualified Products List) establece la norma que los organismos estatales de lucha contra incendios, como el Departamento de Silvicultura y Protección contra Incendios de California (Cal Fire), utilizan para decidir qué fórmulas de retardantes adoptar.

Los estudios de laboratorio muestran que las formulaciones actuales de Phos-Chek son potencialmente mortales para la trucha arco iris. Cuando el retardante entra en contacto con el agua, se produce una capa de amoníaco altamente concentrada que puede matar rápidamente a los peces.

Si bien esa capa se vuelve menos letal a medida que se dispersa por el agua, la exposición de los peces a cantidades diluidas durante periodos de tiempo prolongados puede seguir siendo mortal, según el dictamen biológico del NMFS. Además, el NMFS señaló que estudios de laboratorio anteriores muestran que la exposición prolongada a cantidades diluidas de retardante puede dificultar el crecimiento y el éxito de la eclosión de los peces, causar daños en la piel, los ojos, el hígado y los riñones, y provocar un crecimiento celular rápido y anormal conocido como hiperplasia.

Se han realizado pocas pruebas con especies de peces distintas a la trucha arco iris. Sin embargo, un estudio realizado por el NMFS analizó la evolución de dos tipos de salmón Chinook en diferentes etapas de su ciclo vital tras la exposición a una de las diversas fórmulas de Phos-Chek utilizadas por el Servicio Forestal y las agencias estatales de lucha contra incendios, como CalFire. Incluso muy diluidas, las fórmulas retardadoras fueron capaces de matar a los salmones en los experimentos de laboratorio.

“Las fórmulas en sí mismas son muy tóxicas para el salmón”, dijo a EHN el autor principal, Joseph Dietrich, ecólogo investigador del Centro de Ciencias Pesqueras del Noroeste de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica. “Todos nuestros estudios se completaron con concentraciones que están muy por debajo de lo que realmente habría en esos tanqueros “.

Algunos salmones expuestos a concentraciones de Phos-Chek suficientemente bajas antes del esguín -cuando sufren cambios fisiológicos antes de migrar al océano- pudieron recuperarse. Este no fue el caso de los salmones expuestos a Phos-Chek como alevines: Los que no murieron inmediatamente sucumbieron más gradualmente al daño que los retardantes causaron con el tiempo, señaló Dietrich, indicando que, en la naturaleza, algunos Chinook probablemente perecerían después de migrar de sus arroyos de montaña al océano.

Dietrich también dijo que, en el caso de una de las fórmulas de retardantes probadas, la mortalidad de los peces no podía atribuirse por completo al amoníaco, lo que dejaba abierta la posibilidad de que los ingredientes patentados pudieran haber sido factores de estrés adicionales.

El estudio proporcionó una indicación aleccionadora de los impactos potenciales del retardante de incendios forestales en una especie de peces en momentos críticos de su ciclo vital. Según Dietrich, otras especies de peces podrían ser más o menos sensibles al retardante. Las nuevas formulaciones de Phos-Chek, como las que se utilizan actualmente, también podrían producir resultados diferentes.

“Cada retardante de fuego tiene su propia toxicidad y va a afectar a cada una de estas especies de salmón de forma diferente”, dijo Dietrich. “Así que no es, desgraciadamente, un cuadro cerrado. Creo que cada uno es un caso específico que requiere una investigación”.

El Servicio Forestal ya no utiliza las fórmulas de Phos-Chek probadas en el estudio sobre el salmón Chinook. Sin embargo, algunos organismos estatales de lucha contra los incendios, incluidos los de Oregón y Washington, siguen aplicando productos Phos-Chek más antiguos a medida que van agotando las existencias, según Cooper.

Otras especies acuáticas también pueden verse afectadas por el retardante, aunque de forma menos grave que los peces. El NMFS identificó a los insectos, como las moscas de mayo, y a los crustáceos, incluidos los cangrejos de río, entre las especies vulnerables al amoníaco del retardante, y concluyó que esto podría afectar al suministro de alimentos para los peces. Además, el Servicio Forestal identificó varios anfibios amenazados y en peligro de extinción, como el sapo de arroyo y la rana de patas rojas de California, que corren el riesgo de sufrir lesiones o morir por la exposición directa e indirecta a las gotas de retardante.

Además, el componente fertilizante del retardante, es decir, el fósforo, estimula el crecimiento de las algas y contribuye a la proliferación de algas en los cuerpos de agua lo que reduce el oxígeno y puede matar la vida acuática.

Algunas proliferaciones de algas, causadas por cianobacterias que producen una espuma tóxica, también son peligrosas para los seres humanos -en particular los niños- y los animales si las ingieren. Estas floraciones de algas nocivas pueden afectar a la calidad del agua de arroyos y lagos, así como a los sistemas de agua potable. Los científicos del USGS están investigando actualmente si los retardadores de incendios forestales pueden afectar a la calidad del agua en los embalses de California gestionados por el Bureau of Reclamation, y en qué medida.

Además de las pruebas de toxicidad en diferentes especies, las agencias de lucha contra incendios también necesitan una comprensión más precisa de cómo el retardante se mueve a través de los cuerpos de agua y se dispersa. Los científicos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) han desarrollado un nuevo modelo para ayudar al Servicio Forestal a evaluar con mayor precisión cómo la dinámica de los arroyos afecta a la dilución del retardante y lo hace menos tóxico con el tiempo.

“Se trata de una herramienta de modelización que puede utilizar el biólogo de pesca sobre el terreno”, explicó a EHN Shirley Zylstra, responsable del programa de supervisión de los sistemas químicos para incendios forestales. “Si introducimos retardante en un cuerpo de agua, les dará una idea de qué tan lejos río abajo podrían necesitar buscar impactos potenciales.”.

El modelo indicaba que los peces probablemente estarían expuestos al retardante durante periodos de tiempo más cortos que las pruebas de laboratorio estándar de 96 horas, y que las concentraciones probablemente fluctuarían después de que el retardante llegara al agua. Esto plantea otras cuestiones sobre la cantidad de retardante que encuentran los peces, en qué concentraciones y durante cuánto tiempo.

Retardantes de incendios forestales y la salud humana

Aunque generalmente se considera seguro para las personas, Phos-Chek viene con una advertencia de que el retardante no debe ser ingerido y que puede ser un irritante para la piel, los ojos y las vías respiratorias. Esto supone un reto no sólo para los bomberos, sino también para los trabajadores agrícolas y los residentes de las comunidades en las que el retardante del fuego puede haber llegado a los cultivos, las casas y los jardines.

Además, los retardantes pueden mezclarse con el humo de los incendios forestales, que en sí mismo puede ser tóxico debido a las complejas mezclas de gases, partículas y productos químicos que ya contiene cuando se queman cosas como plásticos, baterías, muebles y productos químicos domésticos e industriales.

A medida que los incendios más grandes e intensos se adentran en la zona urbano-forestal y los equipos de bomberos luchan por proteger las ciudades y las zonas agrícolas, surgen nuevas preguntas sobre lo que ocurre cuando los retardadores aéreos de incendios forestales se convierten en una parte mayor del cóctel químico del humo de los incendios forestales.

En el 2017, estudiantes graduados e investigadores de la Universidad de California Davis realizaron una revisión bibliográfica sobre los efectos en la salud asociados a los retardantes de incendios forestales y a los pesticidas. Su conclusión: La investigación existente era escasa. “Los futuros estudios epidemiológicos que caracterizan los impactos en la salud del humo de los incendios forestales en California deben considerar la interacción entre el uso de retardantes y la generación de humo en los incendios forestales urbanos pequeños”, donde los retardantes tienden a ser un mayor generador y componente del humo, escribieron.

“A medida que aumente la frecuencia de los incendios forestales, veremos cómo se aplica cada vez más retardante de incendios, y entonces tendremos que entender mejor cuáles son las posibles implicaciones para la salud”, dijo a EHN Kent Pinkerton, que dirige el Centro Occidental de Salud y Seguridad Agrícola de la UC Davis y que guió a los estudiantes que realizaron la revisión.

Formas alternativas de proteger a las comunidades de los incendios forestales

Tim Ingalsbee, ecologista especializado en incendios y ex bombero forestal, dirige la organización sin ánimo de lucro Firefighters United for Safety, Ethics, & Ecology (Bomberos Unidos por la Seguridad, la Ética y la Ecología) y cree, al igual que Stahl, que los organismos estatales y federales de lucha contra el fuego deberían ser más moderados y específicos en el uso de retardantes.

“El precio de una sola carga de retardante en un avión cisterna puede financiar a muchos más trabajadores [sobre el terreno]”, dijo a EHN. “Son mucho más flexibles y ágiles y versátiles que ese avión cisterna, que tiene una sola función”.

En un comunicado enviado por correo electrónico, el Servicio Forestal reiteró que el retardante de incendios forestales es seguro y eficaz, y que permite a los bomberos sobre el terreno emplear medios adicionales para sofocar el fuego y ofrecer apoyo en zonas en las que el terreno escarpado impide el acceso de los equipos de tierra. “No hay dos incendios forestales iguales, por lo que es fundamental que los gestores de incendios dispongan de diferentes herramientas para las distintas circunstancias que pueda presentar un incendio. El retardante de incendios es simplemente una de esas herramientas”.

Ingalsbee cree que el uso de retardantes aéreos es un desperdicio, y que los recursos estarían mejor dirigidos a estrategias proactivas de gestión de incendios, como las quemas prescritas, la gestión ecológica de los bosques y la presencia de más bomberos sobre el terreno. Él y Stahl están de acuerdo en que los organismos de lucha contra los incendios deberían concentrarse más en la protección de las viviendas contra el fuego y en la creación de espacios defendibles para que los incendios puedan arder simplemente alrededor de las comunidades. Esto significa eliminar la vegetación inflamable a menos de 15 metros de las casas e invertir en materiales de construcción, como revestimientos de hormigón, tejados no inflamables y persianas que protejan las casas de las brasas.

Los retos van mucho más allá de los retardadores de incendios forestales, dijo Dan Turner, un jefe jubilado de Cal Fire que dirige un nuevo centro en la Universidad Politécnica del Estado de California en San Luis Obispo que busca enfoques más holísticos para la gestión de incendios. El Wildland-Urban Interface Fire Institute es el primer centro que explora cómo las comunidades pueden convivir con los riesgos de incendios extremos combinando la planificación urbana y regional innovadora, las tecnologías de construcción y diseño y las mejores prácticas de seguridad contra incendios y ecología.

“¿Cómo diseñamos la planificación urbana y regional? ¿Cómo diseñamos las comunidades del futuro para que sean resistentes a los incendios? El diseño de la comunidad, la infraestructura, la red de transporte, la planificación de la evacuación… todo ello hace que la comunidad sea más resistente a los efectos de los incendios”, dijo Turner a EHN.

Traducido del inglés al español por Katia Rodríguez Cabreja, Bronx, NY.

Fotografía del encabezado: Un Coulson C-130 rocía retardante de fuego delante del borde de ataque del Thomas Fire, el 13 de diciembre de 2017 (Crédito: Airman Magazine / flickr)